Elena y Nayara

Mi historia con los galgos comienza con Cobeña, una imponente galga negra que en su juventud le dio muchas alegrías a su galguero, pero que la edad y la retirada de su amo condenaron a vivir en una parcela. Intenté que formase parte de mi familia… pero un día Cobeña ya no estaba. La habían mandado a Alemania con una protectora. En ese momento me prometí que algún día yo también sería una heroína para esos cuerpecitos maltrechos.

Y me atreví. Busqué ‘galgo’ en Facebook y apareció ASOCIACIÓN BAASGALGO en la lista. Un ‘me gusta’ y todo lo demás vino rodado. Pidieron voluntarios, envié un email y aquí sigo casi 3 años después luchando por y para ellos.

Era el invierno de 2015. Esa temporada nos dejó muchos galgos “rotos” que necesitaban acogida… y allí estaba Nayara, recién operada buscando un hogar en el que poder recuperarse. Y me atreví de nuevo. Unos días más tarde llegó a casa un saquito de penas con una pata rota y sólo 15 kg.

Nuestro comienzo no fue fácil, Nayara también tenía rota el alma y no dejaba que nadie se acercase. Ella sólo quería desaparecer. Pero con paciencia y cariño ese momento mágico llegó y, un día, al volver a casa del trabajo, me hizo una fiesta con saltitos de alegría y todo que llevo marcada a fuego. Por fin había entendido que ese era su lugar en el mundo, que ya nadie le iba a hacer daño, que yo sólo estaba allí para ayudarla, quererla y protegerla. Ese día supe que nuestros caminos se habían unido para siempre y, lo que en principio era una acogida, se convirtió en una adopción.

Ver cómo ha pasado de querer ser invisible a querernos, cómo busca mi mano para una caricia, cómo ha dejado su mochila atrás…. Todo eso no tiene precio. Mi niña valiente, siempre juntas. Te quiero Nay’.

Mary y Duque

Mi interés por los galgos comenzó prácticamente desde bebé. Mis abuelos tenían una casa en un pueblo de Cuenca. Para mí era normal ver galgos sueltos o agarrados en las puertas de casa. Siempre intentaba acercarme a alguno y siempre salían corriendo. La gente de allí me decía que si me iban a morder, que si las pulgas… Yo no entendía por qué decían eso si nunca pude tocar uno, si cada vez que intentaba tocar uno se iba… Y cuánto más se iban mas interés tenía hacia ellos. 

Un verano murió mi abuelo y dejamos de ir tan seguido al pueblo. Hasta el último verano, que estuve y dando una vuelta con mi perra y vimos un bebé galgo atado a un árbol a pleno sol una tarde de agosto. Mis ojos se llenaron de lágrimas. ¡Era un bebé sin agua ni sombra! Mi perra jugó con él y no temiía de ella. Fuimos corriendo a casa a por comida y agua, pero cuando llegué al sitio estaba su “dueño” y me dijo que no se me ocurriese darle nada. Mantuve una conversación para que me le diese y nada. Al día siguiente volví, al otro, al otro y al otro… Nunca más supe de él. 

El año siguiente tuvimos que sacrificar a mi perra con 16 años de un tumor en la cabeza. Fue la decisión más dura de mi vida. Se fue y la prometí que adoptaria un perro para darle el mismo cariño que ella recibió. No concibo una vida sin perros.

A los dos meses me puse a seguir varias paginas de galgos, entre ella ASOCIACIÓN BAASGALGO. Y a los días pusieron un anuncio de un bebé galgo llamado Duque buscaba hogar. ¡Era como el del pueblo! No me lo pensé y les escribí. El corazón a mil al recibir el primer correo. No tenia esperanzas en que me lo diesen porque había varios interesados.Y a los días… ¡RING! “Hola queremos conocerte, das el perfil…” ¡BIEN! ¡Una previa y Duque era mio! 

Duque lleva con nosotros tres años. Hemos ido limando sus miedos, aunque era un cachorro de 3 meses ya había pasado lo suyo… Ha tenido un hermano humano y es el mejor perro que existe, juega con el niño con un cuidado, le chupa entero si llora… No puedo estar más contenta con mi decisión. ¡Le queremos muchisimo! Y aún pienso que Minnie (mi perra fallecida) fue la que me le puso en el camino… ¡GRACIAS!

Noelia y Lennon

Un día un buen amigo veterinario me dijo que por mucho que te empeñes, el perro que está hecho para estar contigo, te encuentra. Que es algo mágico. Hoy puedo decir que así fue con nuestro Lennon.
 
Mi marido y yo llevábamos tiempo queriendo un perro. Deseábamos una hembra pequeña, aunque estábamos un poco perdidos sobre qué tipo de perro se adaptaría mejor a nuestro estilo de vida. Nos habló una amiga deASOCIACIÓN BAASGALGO, de cómo fue la adopción con ellos y no dudamos en ponernos en contacto. Por mi cabeza sólo pasaba una preocupación: ¿un perro grande estará bien en un piso? ¿Lo podremos hacer feliz después de tanto sufrimiento? ¿Se adaptará a nuestros viajes de aventura?
 
Pues… es muy difícil de explicar, pero el vínculo que hemos tenido con el desde el primer día ha sido de confianza mutua… No puedo decir que nos hayamos adaptado, ni él ni nosotros, ¡ya que todo fluyó como si hubiese sido parte de la familia desde siempre! Lennon es todo lo que no habíamos planeado y creo que por eso no sé que haríamos sin él en nuestras vidas. El vínculo que tenemos tanto mi marido como yo con Lennon es tan especial que es difícil de explicar. ¡Hay que vivirlo para entenderlo! Te queremos, Lenny.

Roberto, Tormen y familia

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme… corría la Semana Santa de 2011 y, como hacía buena mañana, decidí ir a tomar el aperitivo por los bares de la calle Ancha a ver si tenía suerte y encontraba a algunos amigos. 

Como así sucedió, me encontré con una amiga, muy guapa por cierto, que estaba con su padre y unos amigos y me quedé con ellos a tomar el aperitivo, al final, y como suele suceder en estos casos, me invitaron a comer a su casa. La sobremesa se prolongó hasta que cayó la noche y, como ya no era plan de volver sola a casa, y ante la insistencia de mi amiga y el cariño mostrado por sus padres, no pude por menos que ceder a su ofrecimiento y quedarme a dormir con los padres de mi amiga, que me habilitaron una cama en su habitación. La verdad es que en esa casa antigua de pueblo se dormía estupendamente.

Al día siguiente, durante el desayuno pertinente, me comentaron que se volvían para Madrid y que tenían un hueco en el coche por si prefería volverme con ellos. Accedí encantada y para allá que nos fuimos. Claro que, en medio de todo, no les había dicho que no tenía familia en Madrid. Por cierto, que maleducada soy, me llamo Rita y mi amiga, esa tan guapa que me encontré, Berta, que tenía dos hermanas pequeñas, Alejandra y Gabriela, un poco pesadas porque no dejaban de mirarme y ver que hacía. Ellos dicen que me tocó la lotería cuando nos encontramos ese día, pero yo sé que en realidad ha sido a ellos a quienes le ha tocado. 

Desde aquel día no nos hemos separado nunca, vamos juntos de vacaciones a la playa, a esquiar, a todos los sitios. La pena es que mi amiga Berta ya no está con nosotros, tuvo que irse, pero yo me acuerdo mucho de ella y seguro que nos volveremos a encontrar.

Ahora mi familia ha invitado a comer a otra amiga, tiene un nombre un poco raro, todo el mundo la llama ‘La Tormen’. Es un poco rara porque siempre está guiñando el ojo a todo el mundo, pero salimos todos los días a correr juntas. 

Es curioso porque los padres de Berta, y también míos, nunca habían pensado en un galgo como compañero de viaje, y eso que habían tenido toda clase de hijos: mestizos, pastor catalán, coker, boxer e incluso hasta humanos (que dicen por ahí que tienen sus cosillas) y después de 7 años de convivencia se han dado cuenta que TAL VEZ NO EXISTA EN EL MUNDO UNA RAZA MÁS AGRADECIDA QUE EL GALGO.

Muchas gracias a BAASGALGO por darme la oportunidad de poder adoptar a ‘La Tormen’ y por ese trabajo a veces duro y otras muchas de satisfacción por la cantidad de perros felices que consiguen su sofá.